Sin duda uno de los temas que mayor polémica ha generado en el Ecuador es la Ley de Educación Superior impulsada por la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo,
Senplades. Son las universidades privadas, en su gran mayoría las que
están en desacuerdo con esta ley aduciendo “el control que el gobierno
ejercerá sobre ellas”.
Desde la práctica, como docente universitaria de comunicación, un cambio cualitativo en la ley de educación superior es indispensable por varias razones. Primero, porque la calidad de la educación universitaria,
muy venida a menos, en muchos casos sólo con un interés manifiestamente
comercial, es uno de los factores claves que determina el nivel de
profesionales que las universidades ecuatorianas forman y que en un alto
índice no tienen fuentes de empleo.
En años pasados, al menos conozco dos casos concretos, dos universidades públicas ofertaron “doctorados en comunicación”, pero no de Ph D, sino para llamarse “doctores” con clases de un fin de semana
por mes en un caso y en otro, semi presencial. Este es un reflejo de lo
que pasa en la universidad ecuatoriana. Me pregunto ¿Es esto lo que
queremos seguir viendo? ¿Estos doctores alguna vez han hecho proyectos
de investigación científica? ¿Dónde los han publicado? Estas y muchas
otras interrogantes nos llevan a la reflexión de por qué el cambio en la
universidad ecuatoriana no sólo es necesario, sino que, es
indispensable y urgente.
Por otro lado, la carencia de la investigación científica
en las universidades es evidente. No sólo por la falta de recursos,
aspecto al cual generalmente se alude, sino porque nos faltan recursos
humanos de alto nivel formados en investigación; que dediquen parte de
su tiempo a esta actividad para producir conocimientos y,
además, porque no habido una decisión al interior de las universidades
de otorgar un rol preponderante a la investigación.
Cabe, entonces decir que el cambio vale la pena
y que evidentemente, cualesquier cambio a un sistema deficiente como el
que actualmente tenemos, vale la pena apoyar ya que la universidad está
constituida por muchos actores y que cada uno de ellos en su área
respectiva deben empujarlo con conocimiento de causa, obviamente.
La evaluación interna y externa
es uno de los elementos que ha permitido mostrar esa radiografía de la
universidad ecuatoriana y visibilizar el caos que vivimos. Sin embargo,
todo es perfectible y el proyecto puede ser mejorado, pero en lo
sustancial será el inicio de una universidad de calidad.
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